sábado, 24 de noviembre de 2007

10 padrenuestros y 5 avemarías por haber visto "Beowulf"


Último capítulo de la historia: el crítico del diario gratuito “20 minutos” manda al averno “Beowulf” básicamente porque es un film de animación digital, y, claro está, la animación digital no es cine.

Penúltimo capítulo: Brian de Palma, largo tiempo inscrito en los índices inquisitoriales por exceso de formalismo, se gana el beneplácito de la crítica a base de abordar la guerra de Irak, y de paso tirar por la borda sus virguerías de cámara a favor de un estilo seudo-Dogma, en la reciente “Redacted”.

Largo tiempo me pregunté cuál sería el origen de tanto papanatismo y tanta intolerancia, de por qué, entre la crítica y la cinefilia, se estilaba tanto vestir de desaprobación moral la divergencia en gustos estéticos y narrativos. Hasta que un día se abrió el cielo y vi la luz: dado el origen eclesial de la mayoría de cine-clubs, no es raro que el pensamiento cinematográfico “oficial” entre nosotros registre fortísimas influencias de la escolástica católica, tomando prestado el lenguaje del anatema y la excomunión para referirse a algo tan inocuo como un arte que no tiene otra misión que hacer más soportable la vida de los espectadores.

He aquí diez mandamientos fundamentales de la crítica cinéfila:

1. Existe una única verdad revelada, es decir, la del cine clásico: que la cámara y el montaje no se noten, que la dramaturgia sea realista y verosímil. Salirse de esto es jugar a ser Dios.

2. Existen un cielo y un infierno. Como las almas de los muertos, que deben por fuerza ir a uno u otro, en ocasiones tras una estancia en el purgatorio, también una película debe ser o básicamente buena o básicamente mala. La crítica es de por sí maniquea.

3. El cielo está poblado por santos y el infierno por demonios. De igual manera, a poco que un cineasta caiga bien a la crítica, será elevado a los altares, de la misma manera que, por necesidad de contrafiguras que apoyen el orden celestial, habrá una lista de directores a quienes se demonizará película tras película, hagan lo que hagan.

4. Las películas tienen un cuerpo, que es la imagen, el montaje y la banda sonora, y un alma, que son los aspectos literarios y teatrales: la interpretación de los actores y el libreto del guión. Recrearse en los placeres del cuerpo, es decir, crear cine que proporcione ante todo placer audiovisual y se recree en la lujuria técnica, es pecado. Sólo la pureza de la imagen sin manipular y el cartesianismo del plano-contraplano llevarán al paraíso. Lars von Trier lo sabe, o si no no habría llamado “Dogma” a su movimiento.

5. Un cineasta que imponga una visión personal del lenguaje, que pretenda pasarse por el arco del triunfo las verdades reveladas del clasicismo hollywoodense, no sólo es un hereje, sino que además, por mor del placer solitario al que se entrega y del que excluye a los demás, incurre en un pecado de impureza, no es sino un vil masturbador. La idea de que estamos en pleno siglo XXI y entre las parafilias perfectamente respetables se encuentra disfrutar en plan voyeur de cómo otra persona se administra placer a sí misma no entra en las mentes de la curia.

6. Los extranjeros son paganos, son herejes. No se deben aceptar más verdades que las del Dios verdadero, de ahí que cinematografías alejadas del utilitarismo narrativo de Hollywood, que se basan en otros presupuestos narrativos y estéticos, como por ejemplo las de Oriente, deben rechazarse so pena de extracción de córnea.

7. La ciencia es materialista y no sabe nada del alma. Al cielo sólo se puede llegar en alas de ángel, no en un transbordador espacial, de ahí que se adopte un fundamentalismo “amish” y sólo se acepten las tecnologías de la imagen anteriores a los años 80. El sonido, desde “El cantor de jazz” iba a suponer para muchos la muerte del cine, y lo mismo se aplica hoy en día a los efectos digitales. Da igual que el cine en sí se base en un efecto especial, en una imitación del movimiento propiciada por nuestra defectuosa visión. Mejor una cámara en mano temblequeante que las batallas virtuales de “El señor de los anillos”. Toda película que eche mano de ordenadores para crear su atmósfera o parte de su acción será pasto automático de la hoguera.

8. La belleza es vanidad y ostentación. Los maquillajes y bellos vestidos a duras penas ocultan un cuerpo sórdido que un día se morirá y se pudrirá. Está mal ser muy plástico y estético, lo hagas con ordenador o sin él. Sé humilde y franciscano, no seas David Lean sino Bresson, sigue el ejemplo de la nouvelle vague, que, al no contar con los medios de Hollywood, hizo de la necesidad virtud y propugnó el amateurismo como norma moral, o del “Dogma 95”, que, mediante un íntegro decálogo, logró vender pelis hechas con cuatro duros, tan normalitas y convencionales como por ejemplo “Mifune”, a todo el mundo, disfrazándolas de exigentes experimentos artísticos enfrentados a la normalización uniformadora del cine “made in USA”.

9. Pasarlo bien en una sala de cine es una muestra inexcusable de egoísmo. Dios quiere que te ganes la salvación a pulso; uno no puede llegar al cielo a base de risa y disfrute, sino de tormento y sacrificio. No te emociones, no veas cine de aventuras o de terror, no quieras que las dos horas te pasen volando en tu butaca, no desees distraerte en lugar de absorber la esencia del “Tractatus” de Wittgenstein, no creas que posee igual mérito entretener como hace Spielberg que alimentar la paciencia de un santo como hace Béla Tarr.

10. Juega limpio con el espectador, no lo engañes con falsas pistas, con montajes trucados, con finales sorpresa... a no ser que te llames Hitchcock. Aunque el cine consista en producir efectos en el espectador, no peques de efectista, sé soso, transparente y previsible, no busques sorprender ni pasarte de listo, tómate todo con una seriedad feroz, como si el cine fuese más importante que la vida y mereciese la pena enfadarse por las triquiñuelas de Christopher Nolan en “El truco final” mientras los niños mueren como moscas en Darfur.

1 comentario:

Jaime Lorite dijo...

¡Menudo decálogo! He leído muchos posts sobre crítica cinematográfica, y este se lleva la palma.
Lo peor de todo es que nuestros principales "críticos de cine" en verdad parecen seguir al dedillo estas normas. Puedo buscar decenas de reseñas publicadas en la prensa, por ejemplo, el pasado viernes, y únicamente le sacaría dos o tres que en verdad me convenciesen.
Ensañarse con "Beouwlf" por ser de animación es de juzgado de guardia. Conste que yo la he visto y que, ciertamente, la técnica de la Motion Capture lastra ligeramente las pretensiones dramáticas de Zemeckis, Avary y Gaiman, pero aun así sigue siendo un espectáculo notable.
"Redacted" la tengo pendiente, y puede que no tarde en echarle un vistazo, pero me temo lo peor...

¡Un saludo!