miércoles, 5 de agosto de 2009

Archivos VHS: "La juventud de la bestia" (1963)


Ver esta película en un ciclo filmotequero supuso todo un choque: constatar que mucho de lo que creía saber sobre el cine japonés era mentira. Acostumbrados al cine de prestigio, hecho para los festivales de Occidente por directores como Mizoguchi o Kurosawa, nos habíamos llegado a creer lo del ritmo lento, la solemnidad, el fatalismo.

En cambio, aquel tal Seijun Suzuki comenzaba la película con una pelea callejera a ritmo de jazz, que terminaba con el ganador limpiándose la sangre de los zapatos en la camisa del vencido, para a continuación protagonizar otra escena violenta en un salón de pachinko. Corrida la voz del macarrismo de este personaje, los yakuza de turno lo llaman a la oficina de un night club, donde vuelve a desencadenarse la violencia mientras, a través de un cristal insonorizado, vemos al fondo el número de una bailarina desnuda que tapa y revela su cuerpo con unas plumas en la mejor tradición del burlesque. Todo esto en menos de diez minutos.

Descubrir a Suzuki fue descubrir un cine nipón sesentero de colorines pop y atrevimiento narrativo, de escenarios estilizados e imposibles, violencia muy dura para la época y montaje espasmódico que te lleva a preguntarte si se trata de un salto narrativo en plan moderno o simplemente eliminaron escenas en el montaje y les gustaba más cómo quedaba con el agujero sin parchear. En todo caso, como buen estilista visual que algunos aficionados ponen ya por delante de contemporáneos como Imamura u Oshima, lo importante es más el cómo que el qué, porque la trama es bastante estándar.

El durísimo y mofletudo Jo Shishido (al que aludió Kitano, no sé si con mucha reverencia, en su descacharrante “Getting any?”) actuando un poco como el samurái de “Yojimbo” trabaja para dos bandas rivales de yakuza, enfrentándolas entre sí con el fin de vengar el asesinato de un amigo. La atmósfera que recorre Jo es ciertamente malsana, poblada por padrinos sádicos, prostitutas yonquis, homosexuales psicopáticos, sicarios de gatillo alegre que se mantienen vírgenes y la revelación final de que este submundo es manejado desde el Japón hogareño y tradicional de toda la vida.

Pero no nos creamos que es un cine tan realista: al fin y al cabo, ya se nos dice algo cuando se nos muestra que la sede de la banda rival es la trastienda de un cine, con el revés de la pantalla como eterno telón de fondo. Escenas como aquella en la que uno de los jefes yakuza fustiga a la prostituta que tiene dominada y la sigue a través de una puerta hacia el exterior, donde ruge una tormenta de arena roja, para sucumbir a su pasión sexual entre las dunas, tienen un ambiente onírico que cuesta asociar a la tradición hard boiled. Hay incluso quien sostiene que este tipo de sorpresas escenográficas fueron las que inspiraron a Tarantino cuando hizo que el exterior del club donde tuvo lugar la sangrienta batalla de los Crazy 88 fuese un tranquilo jardín donde caía la nieve.

En fin, violencia, fantasía visual, chunguez temática (pocos se atreverían ya a plantear una moraleja final tan misógina) y una mirada diferente, más contemporánea y chungona, a ese Japón que para muchos distribuidores no ha avanzado desde la época de los “47 ronin”. Un cine popular y bullicioso que no acaba de encontrar su lugar en las colecciones cinéfilas de nuestro país: véase si no el misterioso tráiler que acompaña a todas las ediciones de la Filmoteca Fnac, donde puede leerse, entre los nombres de otros cineastas cuya obra sí está editada, el de Suzuki, sobreimpuesto a un fotograma de “Shadows” de Cassavetes. Pero el tiempo pasa y siguen sin haber editado nada de él. Y ya tardan, porque mi cinta VHS de esta peli ya se ve un poco mal, será que la he puesto demasiadas veces y se gasta...

1 comentario:

des dijo...

Suzuki es increible.

:D

Todas sus peliculas son una pasada.