miércoles, 12 de diciembre de 2012

Mis prejuicios: Los videojuegos


Los años le van convirtiendo a uno en  el enemigo. Los mismos anatemas injustos que nuestros mayores solían lanzar contra el tebeo los aplica ahora un servidor alegremente al videojuego. Claro que hay sus razones: la idea de que la inmersión directa en un universo termina haciendo obsoleta la interfaz del lenguaje; la constatación de que niños impermeables al aprendizaje organizado saben al dedillo la puntuación de cada jugada criminal de la serie “Grand Theft Auto”; la influencia cada vez más tiránica del paradigma “videojuego” sobre el resto del entretenimiento, en especial el cine; la maliciosa impresión de que muchos de quienes me rebatirían airados esgrimiendo las fascinantes aventuras gráficas que privilegian el raciocinio pasan en realidad la mayoría de su tiempo ante la pantalla ejercitándose para la III Guerra Mundial, al estilo del niño aquel de Orson Scott Card.

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