viernes, 10 de abril de 2015

XII Muestra SyFy, epílogo: Y ahora, ¿qué?


Hace poco, viendo en la Filmoteca la película que Sion Sono estrenó antes de “Tokyo tribe”, “Why don’t you play in hell?”, nos dimos cuenta de que lo proyectado era una copia digital de la distribuidora Avalon destinada a cines. La película, no obstante, salió directa a vídeo doméstico. Hace algunos años, alguien me dijo que la dirección de los cines Golem rechazó estrenar allí “JCVD” de Mabrouk el Mechri, porque “no se ajustaba a la línea de programación de las salas”. Es decir, que una película, aún después del calvario de encontrar distribución, puede quedar inédita en pantalla grande a falta de exhibidores que crean en su potencial. Resulta difícil imaginar el desmadre yakuza de Sono, o su aún mayor desmadre hip-hop, entre medias de, por ejemplo, las palmaditas en la espalda progres de “Pride” o  las causas importantes a nivel global de “Timbuktu”. La animación japonesa, retirado Miyazaki, perderá la escasa cuota de pantalla que llegó a conquistar. Tampoco vamos a ver, salvo que se trate de históricos como un Godard, un cine de autor que desafíe al público. Gracias, entre otros, a Boyero, los distribuidores ya saben las películas que no tienen que comprar, con lo cual incluso los circuitos de arte y ensayo se han vuelto de un “middlebrow” que tumba.


Da igual que se consiga llenar el Callao hasta la bandera cuatro días seguidos. A veces sospecho que ese público acude de los cuatro puntos cardinales españoles, dada la escasa o nula taquilla de los muy ocasionales títulos en la línea de la Muestra que se filtran hacia los cines a lo largo del año. Sentirse mayoría durante un fin de semana de marzo es gratificante, pero en realidad somos una minoría bastante silenciosa. ¿Dónde está el canal digital que apueste por los tipos de cine que nos motivan, dónde están las multisalas que dediquen al menos una de sus pantallas a traer todo ese cine raro que, nos prometieron en su día, sería mucho más sencillo de distribuir desde que se les acabó el chollo a los malignos y abusivos laboratorios fabricantes de copias en 35? ¿Nos tenemos que conformar con ese patio de colegio sin vigilantes que parece ser Internet, donde aparentemente no hay línea editorial y la labor de orientar hacia lo que merece la pena de verse no suele estar en manos muy expertas? El vacío de 361 días puede hacerse difícil de llenar. Resulta irónico que los encargados de poner tiritas en la herida sean unos representantes del mainstream cuyo canal no dedique ni siquiera un horario noctámbulo (al que la función de grabación de los descondificadores actuales daría un acceso facilísimo) a todo este cine terrorífico, gore, de CF indie, oriental, de animación o de autor, pero si lo hacen en el único lugar que realmente importa, que es una sala de cine, la incoherencia se puede perdonar si no disculpar del todo.